
Imagenes de la misión
Dije “Aquí estoy Señor” y fuí enviado

Imagenes de la misión

Imagenes de la misión de Chikowa, Zambia
El lema de Comboni, de acuerdo a la inspiración que recibió de Dios para la regeneración de la perla negra, fue: “SALVAR ÁFRICA POR MEDIO DE ÁFRICA”, en todas las dimensiones de la persona (espiritual, psicológica, intelectual, física, etc.)
Y cómo se llevaría a cabo esto?: formando líderes, maestros, enfermeras, artesanos, etc, entre los mismos africanos, quienes en un futuro sean los promotores de valores que lleven adelante el desarrollo de sus pueblos y su gente. Comboni ha querido iniciar sembrando la semillita entre algunos pueblos de Sudán y ahora esta semillita ha ido, no sólo floreciendo, sino echando cada vez más raíces suscitando entre los mismos africanos el entusiasmo por hacer algo que los saque de la pobreza y marginación, se ha suscitado el deseo de querer explotar las cualidades y potencialidades de las que han sido dotados y ponerlas al servicio de su gente.
Para la Iglesia africana y nuestra familia comboniana no ha sido la excepción, pues nos hemos visto bendecidos por tantas vocaciones provenientes de los diferentes países donde estamos presentes. Y en nuestra misión de Chikowa, Zambia tampoco queremos quedarnos muy atrás, pues tratamos de aportar nuestro granito de arena impulsando y promoviendo los valores evangélicos entre la gente que se nos ha confiado, a través de la Escuela Técnica que tenemos y la Pastoral de la Parroquia. Un sin número de estudiantes han egresado de nuestra escuela y tratan de dar lo mejor de sí como carpinteros, constructores y agricultores, lo mismo en el campo de la pastoral, se han formado grupos Misioneros quienes nos dan una mano en la evangelización casa por casa y en el área de la catequesis, especialmente en las zonas más lejanas de nuestra parroquia y, sobre todo, en periodos en los cuales las lluvias nos impiden llegar.
Ellos son pues, los promotores y evangelizadores entre su misma gente, el plan de Comboni sigue haciéndose realidad en cada uno de los africanos que no se queda sentado y cruzado de brazos o con la mano extendida esperando que todo le caiga del cielo, sino que se hace realidad en aquél que lucha, trabaja y se esfuerza por rescatar su dignidad como hijo de Dios y miembro de una sociedad.

Hace 6 años, por estos días mientras concluía el Capítulo General de nuestro instituto, se abría una página más en la historia de la Familia Comboniana, página que quedaría señalada para siempre, pues había sido subrayada con rojo y amarillo, dicho evento era ni más ni menos que la Canonización de San Daniel Comboni, nuestro fundador, había sido elevado a los altares por su santidad Juan Pablo II, quien durante la homilía, lo presentaba a la Iglesia como el misionero del tercer milenio, como el héroe y campeón de la misión, quien había dado pasos de gigante abriendo brecha en la misión del África Central.
El llamado que había recibido Comboni, lo impulsó a dejar todo cuanto tenía: casa, familia y patria para ir al encuentro de aquellos más pobres y abandonados y presentarles a Jesucristo quien también había muerto y resucitado por ellos.
El mismo Comboni que en su tiempo dijo: “Si tuviera mil vida, las mil vidas las ofrecería para la regeneración de África”. Hoy esas mil vidas están presentes en la Familia Comboniana extendida en 4 continentes y en más de 40 países quienes dejándonos seducir por el carisma de Comboni queremos anunciar a los 4 vientos al Cristo Resucitado. Pero la Familia Comboniana no somos sólo aquellos que jurídicamente pertenecemos al Instituto de los Misioneros Combonianos o Hermanas Combonianas o Seculares o Laicos Misioneros Combonianos, sino todos aquellos que simpatizan del mismo carisma comboniano, tales como familiares, amigos, bienhechores, quienes con su oración, contribución y amistad nos sostienen desde sus casas, fábricas y parroquias, a ustedes FAMILIA COMBONIANA, FELICIDADES!!! este 10 de octubre, junto con Comboni celebremos con júbilo y gozo esta gran fiesta.
Regresamos de Malama, donde estuvimos 4 días celebrando la Santa Eucaristía y dando cursos de catequesis para las comunidades cristianas de aquella zona. 120 km de distancia nos separan de la misión entre zonas arenosas, pedregosasy ríos que hay que cruzar, sobra mencionar la infinidad de baches entre los que hay que mantener la guía del carro sólo entre 1ra y 2da, esto sin contar la fauna que encontramos en el camino y con los que vale ser prudentes y mantenerse a distancia, cediéndoles el paso y que se tomen todo el tiempo que necesitan, en medio de la foresta no hay semáforos que nos indiquen a quién le toca el turno así que yo tengo que adaptarme a su ritmo, porque de lo contrario si a uno de estos elefantes se le ocurre pisar mi toyota, no quedarán ni los cristales de mis anteojos.
Cabe mencionar que he hecho una lista de las personas que me han pedido transporte, pues como solemos decir en México: “ven burro y se les ofrece carga”. Entiendo que el transporte es una necesidad básica y aunque todos dicen tener urgencia de bajar al poblado más cercano el Tequila no puede soportar tanto peso, además con los caminos que ya he mencionado también tenemos que ser prudentes, se me poncha una llanta o se me desploma el carro a mitad del camino y no sé qué haría yo en medio de la foresta, con la única compañía de animales que harían su festin al ver que hay carne fresca, sobre todo los leones.
Con pena y todo he tenido que bajar a algunas personas del Tequila, porque ya habían ocupado su lugar sin haber tenido la menor delicadeza de pedir transporte antes. Emprendemos nuestro viaje rogando a Dios y a todos los santos que nos ayude a regresar con bien sin ningún contratiempo.
A Dios gracias, a aquellos que confiamos en Él no nos deja solos, sino por el contrario, nos permite gozar de todo cuanto ha creado, pues me regaló por el camino unos paisajes bellísimos que creí que Natural Geographic se los inventaba, familias de elefantes, jirafas o cebras, es tan diferente ver esos espectáculos sentado frente al televisor a verlos en vivo. Una vez mas elevé una oración de agradecimiento a Dios por lo que ha hecho y le dije: Señor “Te volaste la barda” haciendo todo esto para mí.
Estoy celebrando la Misa de envío junto con un grupo de laicos de nuestra Parroquia, ellos nos acompañarán a las aldeas más remotas de nuestra misión, para los cursos intensivos de catequesis. De los tres que vendrán conmigo, uno de ellos me ha informado al último momento que no podrá ir, tiene un funeral de un familiar que atender. Las comunidades que me toca ir a visitar en esta ocasión son tres entre 8 y 12 kms de distancia una de la otra, no creo que será suficiente el personal para dichas actividades. Mi sorpresa es que al concluir la Eucaristía, encuentro a Natalia y Vincent en la puerta de nuestra capilla, ellos atendieron la Misa desde ese lugar para no interrumpir ya que llegaron tarde, vienen dispuestos a agregarse a nuestro grupo, no recibieron invitación formal para tal misión puesto que en la rotación que seguimos, a ellos les tocaba descansar en esta ocasión, pero su entusiasmo y su celo apostólico se refleja en sus rostros, no les importó renunciar a compromisos que pudieran tener con sus familias. Mi gesto de gratitud hacia ellos fue un solo: “Bienvenidos, la gente se pondrá muy contenta de su presencia”.
Iniciamos nuestro viaje, en el camino nos encontraríamos con otro de los catequistas que nos acompañaría. Llegando al lugar donde quedamos de vernos, lo busco con la mirada entre la gente, sin embargo el primero que se avecina a

Natalia y Vinncet (miembros del grupo apostólico)
saludarme con “alforja y callado en mano”, es Paul Mbewe, otro miembro del grupo apostólico, quién tampoco había recibido invitación en esta ocasión por la misma razón de Natalia y Vincent. Mi respuesta a su saludo fue una pregunta irónica y simpática, ya que él había puesto ya sus cosas en la camioneta: “¿A dónde vas y quién te invitó que vinieras con nosotros? “, él no sudo ni se abochornó, antes al contrario, fuí yo quien quedó estupefacto ante su respuesta, me dijo: “No puedo quedarme aquí sin ir a continuar lo que hemos iniciado”, refiriéndose a los cursos intensivos de catequesis que estamos impartiendo. Este es el tipo de gente que nuestra Iglesia hoy en día necesita, que no se doblen a la primera y que siempre estén dispuestos a donar su tiempo y su persona al servicio del Evangelio, confiando en que aventurarse con Cristo no es echar el tiempo en saco roto.