Posteado por: Rubén Bojorquez | abril 16, 2013

UN DOMINGO EN LA MISIÓN

Es Sábado por la tarde y me encuentro solo en la misión, después de cena me voy a tocar la campana de la Iglesia como anuncio de que mañana tendremos Misa a las 6:00 am. El día ha estado nublado por lo que no hay luna que me alumbre, tampoco hay luz eléctrica en la misión, así que me hago guiar de la pobre antorcha de mi celular.
Con las lluvias que hemos tenido la maleza ha crecido, ahora esta casi mas alta que yo; llegar al campanario entre oscuridad y maleza húmeda es toda una odisea, solo ruego a Dios que no me vaya a salir una serpiente. No se hasta donde se escuche el sonar de la campana, así que hay que dar con mas fuerza, esperando que no se me venga encima o que la cuerda que no se rompa.
Al siguiente día, antes de la 5am de nuevo entre oscuridad y suelo empapado, repito el mismo rito para confirmar a la gente de nuestra cita para la Misa dominical. Son las 6:05, solo dos almas están en el templo, los responsabilizo de abrir ventanas y disponer lo necesario ya que todavía esta oscuro y no hay luz eléctrica. Me tomo la calma del mundo, pues sé que la puntualidad no esta en su itinerario, aunque se disculpen cuando les digo que llegaron tarde.
Empiezan a llegar como aguacero, no obstante así yo he empezado la Misa con quienes están, ya que después tendré que ir a las aldeas para celebrar a las 9:00 am.
No se cuándo ni cómo se habían organizado ya para lecturas, cantos y colecta. Es impresionante su participación y atención, no hay necesidad de animarlos solo es cuestión de impulsarlos.
Es el primer Domingo de Cuaresma y muchos de ellos por diversas razones no pudieron participar en la Misa del Miércoles de Ceniza, así que tendremos la imposición de ceniza durante esta celebración. Los jóvenes de la escuela técnica que tenemos aquí en la misión son los que dan peso y vida a la celebración con la participación en cantos, lecturas y otros ministerios. Algunos de ellos no son católicos pero alrededor de nuestra misión no hay templo alguno de la fe que ellos profesan, por lo que, se unen a nosotros para orar. De nuestra parte no se pierde la ocasión para dar una buena catequesis durante la homilía. Aparentemente esta misa es corta ya que después hay que salir a las aldeas para celebrar con todo el tiempo del mundo, y aun así tienen una duración de casi dos horas.
Al término de esta me espera una buena taza de café, misma que durara hasta medio día, salgo a la aldea para la siguiente celebración, Sta. Mónica, solo 226 km de distancia, ya hay gente que me espera fuera de la misión solicitando transporte con diferentes excusas, quisiera poder decir que no, ya que el carro esta pidiendo jubilación, los frenos no le trabajan y tiene otros desperfectos, ahora con los caminos tan estropeados por la lluvia, temo que vayamos a tener un accidente. La razón por la que también aprovecho de llevarlos es para echarle peso al carro y pueda salir libre entre el lodazal de lo contrario si me quedara atascado, por lo menos ya contare con quien me eche la mano para sacar adelante el carro.
Llego a santa Mónica y todavía hay muy poca gente no obstante son casi ya las 9 am, algunas mujeres barren la Iglesia, los pocos hombres que hay sentados sobre una piedra, bajo la sombra de los arboles.
La bienvenida al sacerdote siempre es calurosa, efusiva y familiar aunque no haya abrazos, apapachos y mucho menos besos, pero con un apretón de manos y una gran sonrisa manifiestan que les da gusto que uno haya venido a celebrar con ellos.
En lo que continua la gente llegando, después de preparar el altar y ver algunos detalles con el catequista elijo también yo la sombra de un árbol para sentarme a esperar a la gente para las confesiones.
Aquí pareciera como si las mujeres fueran las únicas pecadoras. Yo hago la invitación en general, pero tanto el catequista como los lideres y otros hombres impulsan y hasta casi exigen a las mujeres que vayan a confesarse. Aunque yo no deje de señalarles la necesidad que todos tenemos de la confesión.
La celebración ha dado inicio, como siempre muy festiva y participativa, no obstante les he tenido que recordar que hemos iniciado la cuaresma y durante este tiempo la celebración es un tanto sobria y de penitencia, los he invitado a que conserven esa euforia y energía de bailar para la Pascua de Resurrección, ahora es tiempo de hacer penitencia.
Después de la celebración hemos hecho la visita a algunos enfermos que han solicitado el Sacramento de la Reconciliación y Eucaristía, un grupo de cristianos comprometidos, sobre todo mujeres y lideres me han acompañado a visitar a estos enfermos como signo de solidaridad y comunión entre ellos. Al final de nuestra visita hemos regresado a la capilla para compartir los alimentos con algunos líderes y el catequista. Después de comer y ver algunos pendientes que tratar con el catequista o líderes apresuro mi viaje de regreso a la misión, ya que el cielo esta totalmente nublado amenazándonos con una fuerte lluvia y hay que darnos prisa antes de que los ríos crezcan y no pueda cruzarlos. De nuevo no he podido evitar un buen grupo de gente que ha pedido transporte. Rogándole a Dios nos permita llegar con bien a la misión, emprendemos nuestro viaje de regreso, dando gracias por que un fin de semana más nos ha permitido compartir la fe, esperanza y amor que de Él recibimos.

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